PULGAS
Son
insectos ectoparásitos
hematófagos (se
alimentan de sangre) que
afectan a muchas
especies animales. Se
encuentran, más
fácilmente, localizados
en el cuello, dorso,
lomo y en la base de la
cola. Las pulgas del
perro (Ctenocephalides
canis, hospedante
intermedio del
Dipylidium caninum)
pueden pasar al gato y
viceversa, las del gato
(Ctenocephalides felis
felis) parasitan al
perro. Ambas pueden,
incluso, parasitar al
hombre. Tienen el cuerpo
aplanado lateralmente,
con una longitud de 1 a
4 mm., aparato bucal
punzante chupador y tres
pares de patas.
Los perros, normalmente,
son parasitados por las
pulgas del gato.
Síntomas. Las pulgas
causan picazón e
irritación al
arrastrarse sobre la
piel para realizar la
sustracción de sangre.
Producen dermatitis
exudativa sobre la línea
dorsal y en la base de
la cola. Además es
conocida una dermatitis
alérgica, producida por
las pulgas y determinada
por la saliva del
parásito que causa
reacciones cutáneas, a
veces, muy extendidas.
Diagnóstico. Las pulgas
eliminan heces
compuestas por sangre
seca que se detectan
fácilmente a simple
vista. Estos detritus si
se recogen y colocan
sobre un trozo de papel
blanco húmedo,
determinan la aparición
de manchas de sangre. El
diagnóstico no es fácil
si no se ven
directamente las pulgas.
Terapia. Rotenona en
polvo, Clordano. En los
casos de
hipersensibilidad se
requiere el empleo de
corticosteroides y
antiistamínicos.
Proflaxis. Los collares
y polvos antipulgas
permiten un control de
los parásitos, pero, a
menudo, no son
suficientes para
eliminarlos. La terapia
específica debe
realizarse no sólo en el
perro, sino también en
el gato de la casa, que
puede constituir una
reserva de pulgas.
También resulta
importante proceder a la
desinfección del
ambiente, de la perrera
y de los otros lugares
donde habitualmente se
echa el perro.