PARASITOS METAZOARIOS
Los
gusanos que afectan al
perro se dividen en:
nematelmintos y
platelmintos.
Los nematelmintos
(lombrices redondas)
tienen un cuerpo
alargado, vermiforme,
cilíndrico. Son de sexos
separados y no están
segmentados. El ciclo
biológico, con
frecuencia, es directo,
es decir, que no tiene
necesidad de hospedantes
intermedios.
Los platelmintos
(lombrices planas), por
lo general, presentan un
cuerpo aplanado. El sexo
masculino y femenino
están presentes en el
mismo individuo
(hermafroditas). Para
completar su ciclo
biológico tienen
necesidad de uno o más
hospedantes intermedios.
Se dividen en Céstodos
(segmentados) y
Tremátodos (no
segmentados).
En Italia se llevó a
cabo una investigación
epidemiológica en varias
ciudades de la cual
surgió que el 50 por 100
de las muestras
analizadas resultaban
positivas. Los parásitos
más comunes que pueden
encontrarse en los
perros son ascáridos,
ancylostomas, tenias,
tricurios y coccidios.
Las vías a través de las
cuales normalmente se
infecta el perro adulto
son varias: por
ingestión, por vía
cutánea, a través de
hospedantes intermedios.
En los cachorros, la
infección puede
producirse antes del
nacimiento e
inmediatamente después.
Se ha podido comprobar
que un alto porcentaje
de jóvenes perros está
infectado de Toxocara
canis, lo que parece
deberse al pasaje de la
larva migratoria
visceral a través de la
placenta de la perra al
feto o por medio de la
leche.
En el hombre es conocida
una zoonosis debida a la
larva migratoria
visceral. También se ha
demostrado la invasión
en el cachorro antes del
nacimiento, de la
Ancylostoma caninum. El
mecanismo de infección
parece ser similar al
descrito por los
ascáridos. En efecto,
existe una reactivación
de las larvas
momentáneamente
inmovilizadas
(dormidas), de la masa
muscular de la perra al
feto. Las larvas de la
A. caninum y de la U.
stenocefala pueden
provocar en el hombre
una dermatosis de
migración percutánea.
Algunas tenias pueden
constituir un peligro,
no sólo para el perro,
sino también para el
hombre, debido a la
posibilidad que tienen
de provocar enfermedades
graves.
El perro, por tanto, por
la estrecha convivencia
que tiene con el hombre,
puede constituirse,
donde no se respeten las
condiciones de higiene,
en vehículo de infección
a través de la
contaminación fecal del
ambiente, de donde surge
la necesidad de
prevenir. Un examen
macroscópico de las
heces realizado
diariamente o, por lo
menos, con cierta
frecuencia por parte del
propietario del perro
permiten determinar la
existencia de algunos
grandes parásitos como
ascáridos y/o
proglóticos de tenia.
Sin embargo, un
diagnóstico de
parasitosis más adecuado
para la mayor parte de
los nemaltenmintos,
requiere el empleo del
microscopio, capaz de
revelar la presencia de
los huevos presentes en
las heces. Este control
coprológico debe
llevarse a cabo, en los
cachorros, cada quince o
veinte días, y repetido
cada dos o tres semanas,
hasta llegar a los
cuatro cinco meses vida.
Después es suficiente un
control bimestral hasta
los doce meses.
Los reproductores que
van a utilizarse por
primera vez deben
aislarse, por lo menos,
durante tres semanas,
período durante el cual
deben controlarse sus
heces. Para los
reproductores ya
utilizados se procede a
un análisis coprológico
periódico, cada tres o
cuatro meses. Para
hembra, dicho control
debe realizarse antes
del celo y durante la
gestación, tratándola
con vermífugos
adecuados, incluso diez
días después del parto.
Antes del parto es una
buena norma catar el
pelo de la zona de las
mamas. El análisis
coprológico positivo en
la hembra que acaba de
dar a luz impone que el
tratamiento se haga, no
sólo en la madre, sino
también en los
cachorros, quince o
veinte días después del
parto, y repetirlo, por
lo menos, tres veces, a
intervalos de unos
quince días.