LEPTOSPIROSIS
Es
una enfermedad que se
debe a diversos
serotipos de
espiroquetas, aunque en
el perro son dos las
consideradas
importantes.
La Leptospira canicola
es responsable de una
nefritis intersticial
aguda. La Leptospira
icterohaemorrhagiae
ataca al hígado y
determina hemorragias
perivasculares de la
región gastrointestinal
y de los pulmones. El
perro se contagia cuando
las leptospiras están en
condiciones de penetrar
a través de la mucosa
conjuntiva, nasal, oral,
en la zona
gastrointestinal e,
incluso, a través de la
piel, cuando hay
heridas. Los orígenes de
rata y de perro están
consideradas como los
medios más frecuentes de
transmisión. La
leptospirosis es, en la
actualidad, una
enfermedad peligrosa,
incluso para el hombre.
Las leptospiras son
sensibles a la acción de
los rayos solares, al
calor y a los
desinfectantes, pero
viven bien fuera del
organismo del
hospedante, en ambiente
húmedo (agua,
alcantarillas, etc.).
Leptospira canícola. En
la actualidad se
considera como baja a la
incidencia de esta
enfermedad. Afecta,
normalmente, a
ejemplares jóvenes que
viven en la ciudad. El
perro se contagia a
través de la ingestión o
inhalación de orinas
contaminadas de perro.
En la sangre se produce
la multiplicación y
difusión de las
leptospiras que, después
de cinco o siete días,
se localizan en el
riñón, haciéndole
aumentar notablemente de
volumen. A partir de ese
momento en adelante, y
durante algunas semanas,
los orines de los
animales afectados
eliminan las leptospiras.
Los riñones resultan
gravemente dañados, e
incluso, según algunos
autores, también
ejemplares cura dos son
afectados por una
nefritis intersticial
crónica.
Síntomas. En la forma
leve pueden estar
completamente ausentes
signos clínicos, o
presentarse bajo la
forma de un malestar
temporal. En la forma
grave, la temperatura es
elevada, el decaimiento
es fuerte, existe
congestión conjuntival,
intensa sed, vómito,
dolor abdominal, diarrea
hemorrágica,
deshidratación, estado
urémico con presencia de
úlceras en la cavidad
oral, tos, goteo nasal,
a veces subictericia o
ictericia y disminución
de la cantidad de orina
que es de color obscuro.
Recientemente se ha
demostrado que están en
aumento las infecciones
de tipo subclínico.
Diagnóstico. En la forma
leve no es fácil
realizar el diagnóstico.
Cuando la leptospira
está en la sangre
(primera semana) puede
determinarse su
presencia con análisis
de laboratorio que
utilizan métodos
especiales, debido a las
reducidas dimensiones de
los microorganismos.
En la forma grave es
posible establecer el
daño renal ocasionado
por las leptospiras, a
través de un examen que
mide la funcionalidad
renal. En efecto, en los
ejemplares afectados por
la L. canicola se
presenta una modesta
proteinuria y en el
sedimento urinario
existen glóbulos rojos,
glóbulos blancos y
formaciones granulares.
Terapia. Los
antibióticos
(estreptomicina,
penicilina, tetraciclina)
pueden eliminar las
leptospiras de la sangre
y de los riñones. En los
ejemplares con vómito
debe aplicarse una
terapia antihemética:
solución glucosada,
solución electrolítica
de la vena. La diálisis
peritoneal es
importantísima, sobre
todo en los casos en que
la funcionalidad del
riñón está gravemente
comprometida.
Profilaxis. Vacuna de
gérmenes muertos,
mezclados con presencia,
tanto del serotipo
canícola, como
icterohaemorrhagiae,
realizada a los tres
meses y repetida después
de 15 ó 20 días. En el
perro adulto debe
repetirse cada 6 ó 12
meses. La necesidad de
repetir la vacunación
para la leptospirosis
cada año o antes se debe
al hecho que los
antígenos estimulan una
inmunidad de corta
duración.
Leptospira
icterohaemorrhagiae.
También esta enfermedad
tiene, en la actualidad,
una incidencia baja, tal
vez debido a los
programas de vacunación
y al amplio empleo de
antibióticos. Sin
embargo, cuando se
presenta, tiene un
desarrollo clínico
grave. La penetración de
la L.
icterohaemorrhagiae en
el perro se lleva a
cabo, principalmente, a
través de los orines de
la rata de alcantarilla.
El período de presencia
en la sangre (leptospiremia)
es análogo al de la L.
canicola. La L.
Icterohaemorrhagiae
determina la
degeneración y muerte de
las células del hígado
y, además, una
hemorragia de los vasos
sanguíneos.
Síntomas. Temperatura
elevada, ictericia,
vómitos, sed, diarrea
con sangre. La muerte
puede producirse después
de pocas horas del
comienzo de la
enfermedad, o en el
espacio de pocos días.
Diagnóstico.
Relativamente fácil en
cuanto surge
imprevistamente en
sujetos jóvenes con
ictericia y fiebre. Los
análisis de laboratorio
son iguales a los
utilizados para el
diagnóstico de la
infección de la L.
canicola.
Terapia. La respuesta a
la curación está
estrechamente unida con
el momento de inicio de
la terapia, y los
resultados son, por
tanto, muy variables. La
terapia sigue la
dirección dada por la L.
canicola. En los casos
graves deben practicarse
transfusiones de sangre,
administración de
hepatoprotectores,
vitaminas.
Profilaxis. Como para la
L. canicola.