GARRAPATAS
Las
garrapatas son parásitos
hematófagos que se
adhieren a la piel del
perro en las más
diversas zonas.
Normalmente son
afectadas la cara
interna de los muslos,
la base de la cola, el
pabellón auricular, la
porción dorsal del
tórax, etc. Los perros
de caza son
frecuentemente
afectados, pero no deben
excluirse a los demás,
sobre todo los de pelo
largo, donde con mayor
facilidad pueden
esconderse las
garrapatas. Se
distinguen las
denominadas garrapatas
blandas (Argasini),
extendidas por Africa,
Asia y América, y las
garrapatas duras (lxodini),
que constituyen un serio
problema para los perros
en Europa.
Entre los Ixodini
recordemos el Ixodes
ricinus (el macho tiene
una longitud de 1,2 a
2,5 mm., la hembra, en
ayunas mide 4 mm., y
cuando está llena de
sangre puede llegar a
los 11 mm.), Ixodes
trianguliceps, I.
gibbosus, Dermatocentor
marginatus (macho, de 5
a 6 mm.; hembra, de 5 a
16 mm.), Rhipicephalus
sanguineus (macho, 3
mm.; hembra, 11 mm.).
El ciclo biológico de
las garrapatas tiene
necesidad, para
completarse, de dos o
tres hospedantes,
comprendido el perro. El
daño que causa se debe,
sobre todo, a las
garrapatas hembra en
estado de gestación, que
continúan succionando
sangre durante una
semana más, para
abandonar después al
hospedante y seguir la
postura en el suelo. Las
picaduras provocadas
sobre la piel del perro,
tanto de los machos que
se alimentan de manera
continua, como de las
hembras en estado de
gestación, son realmente
irritantes y
depauperantes. Pueden
causar, si es en la
proximidad de centros
nerviosos (vértebras
cervicales), una
parálisis y muerte por
inoculación de toxinas a
través de la saliva.
Otras veces, la picadura
puede transportar virus,
bacterias y parásitos
con las consecuencias
que ello trae consigo
(encefalitis,
proplasmosis, tularemia,
brucelosis, etc.).
Con más frecuencia, el
punto de inoculación se
convierte en un módulo
purulento.
Diagnóstico. Es fácil,
porque se descubren las
garrapatas a simple
vista.
Terapia. Saneamiento del
terreno a través de la
quema de hierbas, el
arado profundo de la
tierra y el empleo de
abonos cálcicos. Sobre
la piel del perro deben
utilizarse,
preferiblemente,
soluciones líquidas o en
polvo de Rotenona y
organofosfórados.